
Querido hermanito:
Y pensar que creía que la pesadilla había terminado y otra vez se repite todo…el adiós, el “ya mismo estás aquí de nuevo”, “el tiempo pasa volando”, el “total, ¿qué son cuatro meses de nada?”…se nos llena la boca con frases hechas que quieren acallar una congoja infinita.
Vuelve el insomnio al callejón oscuro y solitario donde nos atracaba a diario hace algún tiempo que parece mil años… y de nuevo están ahí los duendes burlones que se reían ayer de nuestra felicidad sin grietas.
No es injusta la vida, sólo está llena de sobresaltos que nos cogen a contrapelo a las cinco de la mañana. No respeta la resaca del que vive como si fuera eterno.
Uff, vuelvo a divagar… Es todo una suerte de desengaños. Pura la vida que nos hace clónicos en sentimientos y fríos hasta quemar todo aquello que tocamos con el desdén de la prisa cotidiana…
¡Ay, hermanito mío! Qué extraña es la historia que dibujamos a cada paso. Tú ahora en la distancia y los demás en el camino que nos ha tocado en esta parte del tiempo, ahora que la lejanía nos ofrece su mano trémula y la sombra nos cubre los días como un manto…
Nadie es dueño de nada. Nada nos pertenece, excepto los sentimientos no heredados.
Hoy más que nunca entre estos pensamientos vagos echo de menos tu mirada en la que reposar de los mil dolores cotidianos que se me clavan como alfileres blancos en las manos de la novia abandonada delante del altar…
Me sobra la gente y me faltas tú, mi hermano pequeño. Ojalá pudiera agitar mi varita mágica y devolverte a mi presente, como cuando éramos niños: tú te escondías en un armario y yo gritaba "abracadabra" ...y por arte de magia al abrir los ojos estabas de nuevo allí con tu sonrisa huérfana de dientes y de miedo...Tan lejos no puedo cumplir mi promesa de protegerte toda la vida. Al menos espero que tu ángel de la guarda esté haciendo bien mi trabajo, para que estas Navidades podamos cantar villancicos al son de una amnesia que nos devuelva a la tranquilidad de la inconsciencia…como si fuera ayer, como si no hubiésemos crecido en todos estos años…como si tú nunca te hubieras marchado…
(La Dama)
jueves 12 de noviembre de 2009
Mil dolores cotidianos
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Etiquetas: Lluvia interior
lunes 4 de mayo de 2009
Rutinas radifónicas

Querido hermanito:
Ya regresaste y todo ha vuelto a la normalidad. La normalidad de saberte “cerca”. Tu cercanía es más espiritual que física, porque la cercanía en ti, implica solamente que estás a menos de mil kilómetros de nosotros.
De cualquier forma, ya vuelves a retomar tu historia abandonada de seres y de vivencias, o mejor dicho, ampliada tras pulsar el botón de “pause” en tu mando a distancia particular…De nuevo vuelves a la rutina de contarnos tu vida en capítulos por teléfono, y yo la oigo atenta como si fuera una de aquellas novelas radiofónicas que escuchábamos con mamá cuando, en verano, no teníamos televisor de alquiler que echarnos a los ojos…Ahora que todo eso resulta ser la Prehistoria para muchos, a mí me devuelve el recuerdo de aquellos veranos sin aire acondicionado, inolvidables series de sobremesa, intercambio de cromos con los vecinos, calcomanías de Phoskitos (que entonces se escribía con “q” de queso) en los brazos y rodillas marcadas con “cicatrices de guerra” que te tatúan para siempre y te recuerdan a la niña que fuiste jugando a “la tula” en una calle española cualquiera de los 70…
Desde que regresaste a tu hogar, que ya no es “el nuestro”, he perdido el color azul que lucía mi piel de tanto contener la respiración esperándote. Se me ha soltado además el nudo del estómago y ya duermo las noches enteras sin desvelarme pensando en mil tragedias desde la impotencia de la espera. Para otra ocasión, tengo que ir haciendo de tripas corazón y del corazón, el escudo para defenderme de los miedos que nunca me han dejado volar y me tienen atada a la tierra, como el caballo aún por domesticar…
Me gustaría creer que el mundo –mi mundo- por un tiempo va a quedarse tal y como está. Me gustaría dejar de jugar a las adivinanzas con el futuro, tiempo del verbo que se conjuga incierto y empezar a creerme todos esos mensajes que recibo a diario sobre lo maravilloso que es el planeta en el que vivimos …Si soñar es gratis, ¿por qué no hacerlo?
(La Dama)
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Etiquetas: Cosas que contar
domingo 12 de abril de 2009
Cerrando capítulos...

Querido hermanito:
Ya la cuenta atrás está llegando a su fin. Si todo sale como esperamos, en nueve días estarás de vuelta. Han pasado algo más de cuatro meses y parece que no ha transcurrido el tiempo, pero sí lo ha hecho.
Te resumiré algunos de los acontecimientos más destacados, como si esto fuera una crónica social en otro tiempo. Imagínate lo que te voy a contar en blanco y negro, y con música de organillo, como si se tratara del Nodo o de una de esas películas de Chaplin que veíamos de pequeños.
Lo cierto es que desde que te fuiste, papá y mamá han seguido creyendo que estabas en Irlanda, nunca han salido de esa idea a pesar de que cuando te vieron en la tele junto a la ministra, todo estuvo a punto de descubrirse. Contamos que aquellas eran imágenes de archivo y, con cierta suspicacia, papá finalmente confió en que era cierto lo que le estábamos diciendo. Rebobina un poco….Vale. Sólo quería aclarar que no siempre la verdad es imprescindible; una verdad a medias ayuda a sobrevivir en tiempos de crisis.
Y hablando de crisis, el país está mucho peor que cuatro meses atrás. Todo el mundo anda haciendo números porque apenas llega a fin de mes. La construcción y sus especuladores están hundidos en un pozo sin fondo, donde han caído también los que se embarcaron en una hipoteca de ilusiones que se ha vuelto contra ellos con el fantasma del paro. La crisis está afectando a todos- a unos más que a otros-, pero en general es la primera preocupación de los ciudadanos españoles. Eso dicen las estadísticas oficiales. Las extraoficiales siguen diciendo que es más importante la pugna entre el Madrid y el Barça por la liga de fútbol. Esa inconsciencia colectiva cada vez me recuerda más a aquel escrito de Martin Niemüller que al final dice…”Y cuando finalmente vinieron por mí,no quedaba nadie para protestar…”
Tu familia política se sigue multiplicando, al contrario que nosotros. Lily, como ya sabes tuvo a su segundo hijo: Javier. Después de tantos problemas durante el embarazo y el parto ha vuelto a jurar que no se va a quedar embarazada de nuevo. Es lo que escuchamos la vez anterior. Llueve sobre mojado...
Dice Rita que Andrea quiere tener un “sujetador”, como Susana, la niña más “cool” de su clase. La precocidad de tus hijas siempre nos ha sorprendido, pero este nuevo ejemplo nos ha sobrecogido a todos, teniendo en cuenta que Andrea sólo tiene cinco años. Creo que pronto vas a tener que explicarle ciertas cosas y te vas a tener que saltar la introducción de la abejita y la flor. Bueno, mejor le dejas esa parte a Rita y tú te dedicas a examinar con lupa a sus amiguitos del cole…Es broma, rebobina de nuevo….Eso, relájate y disfruta de la edad de la inocencia de tus dos niñas que son encantadoras. Ahora te persiguen ellas para jugar, pero pronto, cuando menos te lo esperes, serás tú quien corras detrás de ellas para que jueguen contigo y entonces será demasiado tarde, porque tú ocuparás un lugar distinto: dejarás de ser el centro de sus vidas. Todo el mundo conoce el síndrome del “príncipe destronado”, pero nadie habla del “rey desterrado”, que también existe, cuando el tsunami hormonal de la adolescencia provoca el cataclismo en la escala de valores de la infancia y ya nada vuelve a ser como antes. Nunca dejarás de quererlas de la misma forma que ahora, pero jamás les perdonarás lo rápido que habrán crecido...
Papá mejoró de la rodilla derecha tras la infiltración, aunque él esperaba poder mover la pierna como cuando tenía quince años. He tratado de explicarle que eso se llama “milagro” y que hasta ahora no sé hacerlo. Hoy ha comido paella en mi casa y ha mojado pan en las fresas con nata del postre y en las torrijas de la merienda. Decía que "no estaban mal" –siempre ha sido muy ecléctico-. Creo que debo en parte mi carácter a esa falta de entusiasmo de papá.
Mamá hace años que cruzó al otro lado del espejo y sigue perdida en el País de las Maravillas. Nuestra “Alicia” particular casi siempre está de buen humor. La mayoría de los enfados y las tragedias cotidianas se las provoco yo cuando intento tirar de ella hacia la realidad. Afortunadamente, al igual que su memoria de pez, el llanto le dura cinco minutos. Luego se reconcilia con todo desde los recuerdos del pasado y vuelve a perderse buscando conejos blancos, sombrereros chiflados adictos al té de las cinco de la tarde y reinas de naipes cortadoras de cabezas.
Y en resumen esta es nuestra historia. Sin grandes contratiempos, y en espera de tu próxima vuelta, se despide tu hermana que te quiere y desea poder abrazarte en breve. No se lo digas a nadie, pero estoy en un momento de mi vida en que necesito finales felices...
(La Dama)
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martes 17 de marzo de 2009
Cosas que nunca se dicen
Ya se va aproximando abril y con él, mi cumpleaños y tu regreso. Queda poco más de un mes para soplar velas una vez más y no pido otra cosa que verte aparecer de nuevo por la puerta.
Seguramente no te diré nada diferente. Nada de lo que he escrito estos meses en este blog, porque estas cosas son las que solamente se suelen decir en los homenajes póstumos o en los premios honoríficos de los viejos actores a los que nadie premió cuando estaban en activo. Hay cosas que se saben sin llegar a decirse y ésas precisamente son las más importantes, las cosas que nunca se dicen.
Me gustaría contarte que estos años en que has vivido lejos te he echado mucho de menos. Más, al principio. Con el tiempo, confieso que se fue convirtiendo en una rutina saber que sólo te vería en vacaciones de verano y en algunos puentes. A veces en esos puentes que nos unían yo estuve trabajando y a penas te vi unos minutos. Lo suficiente para saber que te iba todo bien, que eras feliz con tu nueva familia, la que formas con tu mujer y tus dos niñas y que de alguna manera, nosotros, tu familia de antes, pasábamos a un segundo plano. Esas son cosas naturales, que ocurren con el paso de los años. Ahí la nostalgia tiene un espacio reducido, en el que no debe notarse que echamos de menos al niño que fuiste cuando yo también era una niña. Ese niño que asoma por detrás de los ojos de tu hija Andrea, que es tu versión femenina a los cinco años, y que nos hace un guiño de complicidad en cada gesto que nos recuerda a ti cuando tenías su edad. Ahora ella es la que más te echa de menos. Le hemos contado que ahora vives lejos, pero que volverás pronto. También nosotros crecimos en la soledad de las familias monoparentales cuando papá trabajaba en otro lado del mundo. Para nosotros ese otro lado del mundo empezaba más allá del mar que conocíamos. Aquello mutiló un poco nuestra infancia, pero aprendimos a vivir con nuestro muñón de nostalgia, mientras los demás niños tenían a sus padres cerca. Aquello nos hizo más fuertes y nos unió hasta la adolescencia en que te fuiste por primera vez para empezar a buscarte la vida, esa vida que siempre ha estado llena de sacrificios con mucha distancia de por medio.
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Etiquetas: Nostalgias
lunes 23 de febrero de 2009
Ensayando sonrisas delante del espejo

Querido hermanito:
Por aquí hace una semana que las tormentas han amainado y ya vivimos en plena primavera. Los días son más largos, hay una luz diferente; la vida se ve de otro color y parece que el reloj de arena que marca la cuenta atrás para que vuelvas, corre más deprisa.
Estamos de aniversarios. Hoy se cumplen veintiocho años del intento de marcha atrás en un país que luchaba entonces por cuidar una recién estrenada democracia y hoy también hace diez años que casi me muero. Hoy, la democracia y yo celebramos nuestra resurrección a este mundo. Casi nadie se acuerda de ello, ni de lo uno ni de lo otro. Los que nacieron aquel año ya han terminado la universidad y el fallido golpe de Estado de Tejero que nosotros vivimos, les suena a Prehistoria, mientras que el sitio donde casi pierdo la vida ahora anda de reformas. El Congreso de los Diputados aún conserva los agujeros de bala, como testigos mudos de una parte de nuestra Historia, en el techo del hemiciclo. Yo tengo los restos de metralla en la memoria. Mis balas se alojaron en mi corazón y también me han marcado para siempre.
Recuerdo bien aquel día. En el cine, en nuestro cine de barrio, estrenaban la segunda parte de Superman. Tú habías ido con Mari a verla y mamá no os había acompañado porque tenía un terrible dolor de cabeza. Yo, que entonces iba para santa, decidí no ir al cine y gastar el dinero de la entrada en paliar la desgracia de los niños hambrientos del Tercer Mundo, por eso no fui con vosotros aquella tarde al cine. Siempre he pensado que tener caprichos prescindibles, habiendo tantas personas pasando penurias, es obsceno. Tú te perdiste y Mari apareció sola en casa, llorando, con un paquete de palomitas entre las manos. Mari siempre ha sido caótica y narcisista, pero pragmática y en momentos de crisis pensaba mejor con el estómago lleno. La sesión de tarde se suspendió y, como si se hubiese decretado el toque de queda, la gente corría a refugiarse en casa. Mamá salió a buscarte a la desesperada, pero no te encontró, mientras en la calle todo el mundo se atropellaba corriendo en estampida en todas direcciones. Más tarde apareciste sin consciencia de peligro, con tu abriguito de cuadros de la mano de otro niño de tu clase. Su madre te encontró y te trajo a casa. Mamá se te tiró al cuello llorando porque creía que te había perdido para siempre…
Pero mamá no sólo lloraba por tu desaparición. Mamá lloraba por muchas cosas: lloraba porque papá estaba lejos; lloraba porque si finalmente había guerra papá iría al frente sin remedio; lloraba porque estaba sola con tres niños pequeños y una madre anciana y achacosa… Lloraba porque podía haber sido secretaria en Málaga o actriz de teatro en Totana (Murcia) y acabó como ama de casa con una formación musical de conservatorio lista para tirar a la basura; lloraba porque creía que papá tenía un romance con una telefonista rubia que se acababa de operar de los codos; lloraba porque estaba a trescientos kilómetros de papá y ella sola no sabía cómo enfrentarse a una, más que probable, guerra civil…
Nosotros, que éramos de la edad del niño de “Cuéntame como pasó”, habíamos oído hablar de la Guerra Civil por abuela, pero ninguno de los tres apreciaba ni de lejos la magnitud real del problema. En esto los niños siempre confiamos en las soluciones que buscan los mayores para todo, y eso, para nosotros, era “cosas de mayores”…Papá estaba en otra ciudad y mamá, con tres niños pequeños y una madre reumática, no dejaba de decirnos que todo iba a salir bien. Aquella noche tú te quedaste dormido enseguida y nosotras la pasamos en vela junto a mamá y a la abuela, que empezaba a notarse sus habituales “palpitaciones”, viendo la tele. Esa fue la primera vez que la emisión duró veinticuatro horas. A mí me pareció muy emocionante no dormir en toda la noche. Mamá y abuela prepararon una vieja maleta de cuero, con todo lo que ellas consideraron imprescindible para sobrevivir en época de guerra. Metieron la cafetera vieja, una escupidera de plástico y el retrato del abuelo Ricardo. Intentaron hablar con papá pero todo fue inútil. Los teléfonos no dejaban de comunicar. Aquella noche no hubo cristales rotos, pero la tensión se podía cortar con la hoja de un cuchillo.
Al día siguiente volvió la cordura y pasó la tormenta. El Rey habló en la tele, sin ser nochebuena y mamá pudo hablar por fin con papá que no se había enterado de nada. Mamá entre aliviada y celosa, le echó en cara a papá que no la hubiese llamado en toda la noche y que habría estado pasando la velada en casa de la rubia de los codos rotos y yo empecé a tener pesadillas con una madrastra de trenzas rubias, pecho prominente y brazos de trapo por culpa de una luxación bilateral de codos.
El otro seísmo, el que sólo me afectó a mí, ocurrió hace hoy diez años. Casi nadie lo recuerda ya y yo lo he mantenido en secreto como la flor de lis que marcaba a las adúlteras en otro tiempo. Me dejó señalada para siempre y, aunque intento olvidarlo, no lo consigo, porque tengo quemaduras de cigarro en el cuerpo y en la memoria que no me dejan pasar página del todo, aunque sabes que, con el tiempo, he conseguido disimularlo bastante bien y aparentar una suerte de mueca, al estilo Mona Lisa, algo parecido a una máscara en forma de sonrisa… casi perfecta.
(La Dama)
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miércoles 11 de febrero de 2009
La Isla de los Niños Perdidos
Querido hermanito:
Te acabo de mandar un mensaje porque, aunque no me contestes ahora, me da la sensación de normalidad en las cosas que hago a diario. No te veo aunque me hago a la idea de que estás envuelto en tu vida cotidiana, sin grandes altibajos… Ya sabes, a veces mentirse un poco ayuda. El hecho de que te independizaras hace años, me hace verlo todo con menos desasosiego…y lanzar botellas con mensajes a este océano virtual, es mejor que no hacer nada.
Hacer hogueras para mandarte señales de humo o lanzar bengalas al aire es mejor que esperar junto a la ventana hasta verte aparecer detrás de los atardeceres que, desde hace dos meses, se han convertido en una cuenta atrás improvisada… Nunca deseé que la primavera pasara tan deprisa, ni que el mes de marzo se acabase hoy mismo. Porque tú volverás con la lluvia de abril y dejarás la cuenta atrás en el recuerdo, para que un día, cuando las niñas te hayan convertido en un anciano venerable, cuentes las batallitas de jubilado que todos los abuelos cuentan a sus nietos.
Y hablando de abuelos…Pronto será el cumpleaños de papá. Lo que para unos es un año más, para otros es un año menos. Es curioso que cuando éramos niños ese día apenas se celebraba. Nos enteramos un poco tarde de que el 16 de febrero papá celebraba su llegada a este mundo. Claro que papá nunca fue demasiado expresivo. Eso le viene de lejos, porque no tuvo infancia, ni pasado que contar. Así como mamá siempre nos inundó la niñez con su historias de hija única malcriada en forma de cuentos para dormir cada noche, papá borró su infancia de posguerra, su ropa de saco, su mendrugo de pan diario, la muerte de su madre en circunstancias poco claras -donde siempre planeó la sombra del suicidio- y su posición de cabeza de familia a los doce años cuando su padre malgastaba el sueldo en vino de garrafón y juegos de cartas en tascas de mala muerte. Eso explica en parte nuestro carácter. Tú y yo llevamos ese gen heredado de la falta de expresividad –no de sensibilidad-. Desde pequeños nos cortaron de raíz el derecho a quejarnos. Y así fue desapareciendo también el derecho a otras cosas: a equivocarnos, a pedir, a esperar recompensas, a negociar, a llorar…así andamos, un poco mutilados de sentimientos, pero más fuertes tras haber sobrevivido a muchas tempestades... Por eso estoy orgullosa de ti hermanito –ojala llegue a decírtelo personalmente un día- y sé que, donde quiera que estés, te encontrarás bien.
Desde hace tres años, coincidiendo con nuestro éxodo, papá ha vuelto a recuperar su infancia perdida y detrás de esa mirada de perrillo abandonado que luce desde que mamá no es la misma, he visto el destello de los ojos negros de un niño con pantalones de saco que me ha sonreído por primera vez y me ha dado las gracias por encender velas en su honor cada 16 de febrero.
(La Dama)
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sábado 7 de febrero de 2009
Bailando sobre los charcos

Querido hermanito:
Por aquí todo sigue igual. Estamos pasando por uno de los inviernos más lluviosos que se recuerdan, pero la lluvia nunca es mala…del todo. La echamos de menos cuando no viene y la esquivamos cuando aparece. Es evidente que nunca llueve a gusto de todos...
A mí la lluvia me encanta, porque nací un día lluvioso de abril y el agua me hace ver las cosas de un modo diferente. Tengo muchos paraguas que nunca salen de casa. Colecciono paraguas que nunca usaré. La lluvia me hace sentir que estoy viva y, lejos de ponerme triste, me hace creer que todo está más limpio por fuera y yo me siento más etérea por dentro.
Hace tres noches me cayó una manta de agua. Parecía que la nube estaba justo encima de mi cabeza y me seguía a todas partes. Al principio traté de darle esquinazo, pero poco a poco me fui acostumbrando a ella y a sus aguaceros y empecé a notar que mi piel se convertía en las escamas de un pez urbano. Dejé de tenerle miedo y comencé danzar sobre los charcos.
Chapoteé como no lo hacía desde que tenía ocho años. ¿Lo recuerdas? Nos pusimos empapados y mamá se enfadó muchísimo, pero nosotros tuvimos la sensación de haber bailado bajo una fuente mágica de esas que salen en la tele con chorros a presión intermitentes que salen del suelo. Sólo que esta vez no llevaba botas de agua, sino unas deportivas que se me quedaron hechas un desastre. Pero me sentía feliz. Salté sobre los charcos y por encima de los bancos del parque. Canté a la luz de las farolas, como Gene Kelly pero sin sombrero ni paraguas, mientras una luna encantada se multiplicaba en los charcos. Y con las gotas de lluvia fui despojándome de los últimos dolores pequeños que se clavan como diminutos alfileres bajo mi piel. Así se deslizaron por las alcantarillas de mi cabeza: tu ausencia de casi dos meses, los agujeros de la memoria de mamá, la incertidumbre de los últimos días, las dudas, los vientos de guerra contra todo lo que me rodea, mis intentos fallidos por arreglar mi mundo –que no el mundo-, los caballos de Troya propios y ajenos, los molinos de viento de los quijotes que conozco, la soledad de quienes buscan compañía y la soledad de quienes no la buscan…
(La Dama)
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La Dama de Abril
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